Serial killer – Anne Perry

Anne Perry (Londres, 1938) es una más que interesante y prolífica cultivadora del género criminal. Desde 1979, año en que publicó su primera novela, El verdugo de la calle Cater, Perry ha luchado, y lo ha conseguido, para convertirse en una de las grandes damas del crimen que tanto han abundado y abundan en el género policial, sobre todo en el ámbito anglosajón. Unas cincuenta novelas, una arriba o abajo, y multitud de relatos, dan fe de ello. Una de las grandes virtudes de Anne Perry es haber sabido situar sus relatos en la Inglaterra victoriana, sobre todo el Londres de la época, el mismo Londres brumoso por el que se movían Jack el Destripador y Sherlock Holmes y por el que se mueven también sus detectives Thomas Pitt y el amnésico William Monk, cada uno por su lado y en novelas distintas, que conste. Ambos resuelven todo tipo de crímenes misteriosos entre espesos laberintos de complicadas relaciones de clase tejidas con refinada hipocresía en una sociedad donde la apariencia, para lo bueno y para lo malo, prima sobre la verdad, sobre todo si esa verdad es incómoda y desagradable, un zurullo de mierda en medio de un resplandeciente salón iluminado por majestuosas arañas de cristal. Y la verdad es que, según las novelas de Anne Perry, la mierda anida a toneladas debajo de las alfombras y detrás de los espesos cortinones que adornan los salones y salitas de la aristocracia y la alta burguesía victoriana. Los relatos de Perry son un excelente retrato de la sociedad victoriana y también un vasto catálogo de asesinatos que van desde lo más depurado a lo más brutal pasando por todas las gradaciones intermedias que se os puedan ocurrir, mi paciente y único lector fijo y mis cinco e inconstantes lectores volanderos.

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Cartel de Criaturas celestianes, 1994

Pero Anne Perry no siempre se llamó Anne Perry. Su verdadero nombre es Juliet Marion Hulme y se fue a vivir a Nueva Zelanda cuando tenía trece años, ya que su padre era rector universitario en aquel lejano país. Fue allí donde vivió una más que intensa relación, llena de fantasías y se supone que sexo, con una amiga de su edad, Pauline Parker, cuyos padres estaban en proceso de divorcio. La primera consecuencia fue la decisión de enviar a Pauline a vivir a Sudáfrica y, por lo tanto la separación de las dos amigas, algo que ellas no aceptaron y que solucionaron por la vía rápida: el 22 de junio de 1954, asesinaron a la madre de Pauline machacándole la cabeza con una piedra. Cuarenta y cinco golpes le asestaron a la mujer. No quiero señalar a nadie, pero alguien le tenía muchas ganas a alguien. Por cierto, este caso inspiró la película Criaturas celestiales, que se estrenó en 1994.

Las dos adolescentes salieron del correccional cinco años después con la condición de no volverse a ver ni hablar entre ellas nunca jamás. Y, al parecer, han cumplido. Creo que Pauline se dedica a la cría de caballos o algo parecido mientras que Juliet Marion Hulme es ahora Anne Perry y sigue metida en el mundo del crimen y el asesinato, cual serial killer, pero solo sobre el papel para deleite de sus muchos lectores.

La verdad es que, si nos ponemos a pensar sin que nos estallen las meninges, todos los escritores de novelas de crímenes son asesinos en serie, refinados criminales dedicados a pergeñar asesinatos de todo tipo un día tras otro, pero solo Anne Perry, creo, comenzó su carrera con un asesinato de verdad y no descarto que, cada vez que se sienta a escribir delante de su ordenador o ante un papel en blanco, evoque aquella cabeza machacada y sanguiolenta bajo el sol de junio, si es que hacía sol aquel día, en la lejana Nueva Zelanda. Quién sabe, a lo mejor hasta se le escapa alguna mirada a las piedras de su jardín mientras Lord Puñetas muere en la ficción a manos de su amante, masculino, por supuesto, en la cama que comparten en secreto, que cosas como esas pasan en los relatos de Perry.

Lo cierto es que Anne Perry es una escritora que sabe de lo que escribe y eso, en un género como el criminal, debe ser la leche.

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