difícil publicar en editorial tradicional

¿Por qué es tan difícil publicar en una editorial tradicional?

Publicar en una editorial tradicional todos sabemos que es muy difícil, ¿por qué? Voy a intentar dar algunas respuestas, basándome en experiencias propias y ajenas, datos publicados por distintos organismos, y mi reflexión personal. La realidad es esta: el 98% de los manuscritos que reciben estas editoriales son rechazados. Aunque esta cifra hay que manejarla con ciertas reservas, porque el sector editorial es muy opaco a la hora de ofrecer información veraz.

¿Qué es una editorial tradicional?

Antes que nada, aclarar que por editorial tradicional entiendo la que publica los manuscritos de los autores normalmente sin cobrarles por ello. Aunque aquí también hay mucho misterio, ya que las coediciones y cláusulas de confidencialidad ocultan sin duda una práctica de pagos, que nadie quiere reconocer en público, pero se sabe que existe.

Los publica y luego los comercializa y distribuye. A cambio de obtener estos derechos por parte del autor, remunera a este con el 5, 8 o 10 % según el tipo de autor o edición. Algunos autores “estrella” quizá reciban algo más, pero no mucho. A los autores de éxito les preocupa más negociar el máximo anticipo por la edición, que este porcentaje. Ah, aquí entraríamos en la farragosa discusión del control de ventas, que por su complejidad y porque nos alejaría del tema, trataremos en otra ocasión.

¿Por qué no me publican?

Huelga decir que esto se lo pregunta un autor que ha escrito un buen libro, porque si es malo, ya no tenemos nada de qué hablar. Que objetivamente sea un buen libro, sin entrar en más debates sobre esto, al menos de momento, porque hablar de objetividad en cuestiones de calidad quizá sea una quimera.

Este buen autor ha enviado su manuscrito siguiendo las pautas que hay que seguir y al cabo de los meses, muchos meses, con suerte, porque el silencio también es una opción, le dicen que su manuscrito ha sido rechazado. ¿Que no han visto que mi libro es bueno? Pues seguramente no lo han visto, literalmente, porque los lectores de las editoriales, los que queden, no dan abasto por la multitud de manuscritos que reciben. ¿Cuáles leen? Aquellos a los que alguien señala con su dedo. Cuánta frustración, ¿no?

Evaluación del riesgo

Para mí la causa principal parece bastante obvia, y es de pura mecánica empresarial: las editoriales tradicionales no pueden asumir el riesgo que supone publicar a un autor novel o desconocido. Porque no cuentan con mecanismos fiables de la medición del riesgo que esto implica, por lo que no pueden hacer estimaciones de facturación, y mucho menos de beneficios.

Tened en cuenta que el coste medio de preparar un lanzamiento editorial que valga mínimamente la pena, lo podemos estimar en unos 15.000 euros. Hace poco escuché a un editor decir que había aprendido a vivir con la vorágine de saber que para mantener en marcha su negocio debía arriesgar a ciegas veinte veces al año esa cantidad, cada vez que publicaba un nuevo título.

Aunque muchos penséis que las editoriales son unas empresas desaprensivas que se quedan con tu libro a cambio de unas migajas, las cifras, al menos las declaradas, son estas: de media una empresa editorial obtiene un margen de beneficio anual del 3 %. ¿Por qué siguen en el negocio entonces? Os preguntaréis algunos. Ahí hay mucho de qué hablar, quizá otro día.

Modelo de negocio editorial

Pero, ¿por qué es tan difícil evaluar el riesgo de publicar mi libro? En mi opinión hay varias razones, unas diríamos que estructurales al modelo de negocio editorial, y otras más intangibles, inaprensibles, casi etéreas.

Empezaré por las primeras. El libro es un producto de alto coste. Para manufacturar y poner a la venta tu libro hacen falta profesionales de muy variadas especialidades, lectores, editores, maquetadores, diseñadores, expertos en marketing y publicidad, así como establecer relaciones comerciales con imprentas, distribuidoras, libreros, y el largo etcétera que se os ocurra. Y todo esto para un producto único, cada libro es distinto. En este negocio no se desarrolla software que puede ser comprado por millones de usuarios. Ni se prepara la mejor mermelada de tomate, que una vez que das con una buena receta, lanzas tarros sin parar al mercado, pero todos iguales. En estos ejemplos, el esfuerzo de la inversión inicial se produce una vez, luego entran en juego otros cálculos empresariales.

Todo esto para conseguir qué, un producto cuyo precio oscila entre los 6 euros y los 24, por poner un tope, ya sé que hay libros más caros. O sea, un producto de bajo precio, aunque para muchos, comparándolo con otras ofertas de productos culturales les resulte caro (otro motivo de la debilidad estructural del sector). Un libro no es un móvil, del que gustosamente pagas por él casi mil euros si quieres estar a la última. En definitiva, la industria editorial maneja unos márgenes ridículos en su actividad.

Aquí también considero que influyen causas coyunturales, que derivan de las normas y leyes sobre el libro y otros usos y costumbres en el sector que quizá no le están haciendo ningún bien, y que, para no alargar demasiado este artículo, quizá tratemos en otra ocasión.

Las causas intangibles

Ya hemos visto lo costoso que es fabricar un libro. Pero eso no explica en su totalidad por qué narices es tan difícil evaluar el riesgo de publicar mi libro. Puedes pensar, vale, de acuerdo, es un producto complicado, pero mi libro es bueno y si se promociona bien, se venderá bien y todos ganaremos. Pues esto, amigo mío, es lo más difícil de evaluar.

Porque dentro de esas tapas, de ese soporte físico, o digital, ¿eh?, que yo defiendo que leer es leer, y lo de menos es cómo, el material que sustenta el producto es un intangible. Es la creación única de un escritor. Es la historia que se cuenta. Que tiene que llegar al lector en un acto íntimo de lectura, y aquí es donde el lector se erige en juez y verdugo del éxito de tu libro. ¿Cómo medir de antemano el grado de satisfacción de los lectores en un acto tan personal? Difícil.

Creedme, nadie lo ha conseguido todavía. Sí, hay bastante material publicado sobre las claves de los best seller, pero sus conclusiones no son absolutas. En mi opinión, lanzan conjeturas basadas en el mejor de los casos en análisis estadísticos. Desmenuzan la estructura y estilo de las novelas de éxito y encuentran patrones, elementos comunes y dicen: aquí está la clave.

Y aunque estos análisis den en algunas dianas, estas no se quedan fijas, son como las tormentas de arena en el desierto en forma de modas que llegan, arrasan y pasan de largo.

Punto y seguido

Aquí dejo anotadas algunas razones de por qué es tan difícil publicar en una editorial tradicional, pero no es para desesperarse, ya sabéis que hay otras opciones.

Pero este tema no se agota aquí. Porque a mí, y supongo que a vosotros también os surgen otras preguntas después de lo dicho. Podéis preguntaros, por ejemplo: Vale, nos hacemos una idea de cómo está el panorama, pero ¿por qué se publica lo que se publica?

Y vaya, no es ninguna tontería esto. Me lo apunto para tratar en un próximo artículo.

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