Miguel Ángel De Toro

Podría hacer una reseña al estilo clásico y decir: «Me llamo J. Miguel Ángel De Toro Gómez, nací cuando Neruda publica Los versos del capitán y Charles Chaplin estrena Candilejas». Podría enternecerme con mi pasado: «Publiqué un par de libros –escribiría– Poemas tachados, Juana la Lápices y colaboré en otros dos de poemas como Hablan los poetas I y II. También podría… En realidad podría hacer muchas cosas, pero prefiero usar esta solapa para decir por qué escribo ocasional y no sistemáticamente, tal vez lo haga para salir del letargo cotidiano y caminar hacia una necesaria creatividad revitalizante. Y también para decir cómo escribo: jugando con las palabras, practicando el humor sobre el sofá del pensamiento y haciendo el amor bajo las sábanas de una sonrisa XXXL. Si he de ser sincero, no sé aún a estas alturas audiovisuales para quiénes escribo, lo poco que escribo. Sería obvio señalar que para unos cuantos terrícolas que sintonizan la misma frecuencia modulada que yo en las emisoras independientes de la felicidad al alcance de una simple y cordial sonrisa desde el corazón, pero incluso esa afirmación es sencillamente complicada. Y, por último, ¿para qué escribo? Podría decir para reaprenderme, para revivirme, para reinventarme, para redisfrutarme, para reequilibrame, pero sobre todo para reordenar mis pensamientos que desordenados son incapaces de conformar un armónico puzzle de verdadera vida.

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