La llamada “poesía de la experiencia”

Corrían los años 80, se iba consolidando la democracia en España, atrás quedaban la legalización del P.C.E., la concesión del Premio Nobel de Literatura a Vicente Aleixandre (tan festejada por los poetas “novísimos”), la obsesión por un lenguaje literario hiperculto y abstracto en la creación poética, la inclinación por lo aristocratizante, la poesía reducida para minorías, la poesía para poetas, de carácter metartístico. Comenzaba a aparecer un hastío por lo elevado, lo snob, lo distinguido…

Iba aflorando una nueva forma de hacer poesía, volviendo a las formas clásicas frente al “versolibrismo” ( aunque es cierto también que entre lo poetas de los 70 hubo virtuosos del ritmo y del metro y por otra parte, cierto es que algunos poetas de la generación de los ochenta utilizaron el verso libre). Se empezaba a soslayar el culturalismo exacerbado y se rescataban figuras como las de Rafael Alberti, Antonio y Manuel Machado, los poetas del “medio siglo” liderados por Gil de Biedma. Se retoma parte de la temática socialrealista, pero mejorando la calidad estilística de algunos autores del pasado que atendían a lo humano (a lo digno) dejando, a veces, de lado el compromiso estético.

No quiero aquí caricaturizar la poesía emergente en los 80 (y tampoco la de un poco antes llamada en un principio por Luis Antonio de Villena “poesía postnovísima”, que sirvió quizá de enlace endeble entre los sesentayochistas y los poetas de los 80) y mucho menos esbozar un dibujo excesivamente simplista de lo que supuso la tendencia novísima en su momento.

En mi opinión, el primer atisbo de ruptura seria con la estética novísima se iba a inocular en los ojos del lector de la mano de lo que se llamó “La otra sentimentalidad” que fue gestándose en la Universidad de Granada bajo el magisterio de Juan Carlos Rodríguez y en las plumas de Luis García Montero, Javier Egea, y Álvaro Salvador.

El primer punto de ruptura se refiere a la sustitución del concepto de la “sensibilidad” (que había sido acuñado por Castellet para referirse a los “novísimos”) propia de los animales según los poetas de los 80, por el concepto de “sentimentalidad” característica del ser humano, según los poetas de “la otra sentimentalidad”.

Luis García Montero
García Montero

Estos autores, liderados por Luis García Montero, rechazaban, en principio, la literatura romántica, por el “yo” sublimado, y su identificación con el autorial. Los poetas “novísimos” habían rechazado esta literatura desde las premisas del art pour l´art, y la retracción sentimental, pero habían, a veces, concomitado con ella en algunos aspectos que no me parece pertinente enumerar ahora.

Los autores de “la otra sentimentalidad” que ya pasaron a ser “poetas de laexperiencia”, nombre que extrajeron de la obra The poetry of experience, que firmara en 1957, Robert Langbaum, y que situaba la poesía en un lugar cercano al teatro. La “poesía de la experiencia” (a la que ya se sumaron nuevos nombres nacidos en los 60: Felipe Benítez Reyes, Carlos Marzal, Vicente Gallego, Bejamín Prado, etc.) buscaría en la teatralidad, el yo ficcional que la alejase del confesionalismo romántico y que la aproximase a un confesionalismo fingido. Se trataba de que el poeta crease un personaje (diferente al autor) sacado de su imaginación como si fuera un personaje de una obra narrativa. Se utilizó el llamado “monólogo dramático” (tan bien realizado anteriormente por Luis Cernuda, entre otros) consistente en la suplantación del autor por un actor que argumentaba como si saliese de una obra ficcional… Pero la verdad, en mi opinión, es que los “poetas de la experiencia” no supieron alejar lo suficiente el personaje creado por ellos del autor mismo y de su auto-biografía.

Otro punto que no debo dejar de mencionar es la relación auténtica de estos poetas con la Vanguardia: Es cierto que no se negó la entrada de cierto irracionalismo en los versos experienciales; pero sí la sistematización experimental del Superrealismo y la otras vanguardias.

Caracterizó (y mucho) estos textos de la “experiencia” la descripción de escenarios urbanos, la intimidad mostrada en los versos, la individualidad de las vivencias de unos poetas realistas que se resistieron a ser vencidos por la Realidad:

…Ya sé que otros poetas
se visten de poeta,
van a las oficinas del silencio.
administran los bancos del fulgor,
calculan con esencias
los saldos de sus fondos interiores,
son antorcha de reyes y de dioses
o son lengua de infierno.

Será que tienen alma.
Yo me conformo con tenenerte a ti
y con tener conciencia.

(“Poética” Luis García Montero)

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