Escandinava, negra y de moda

Stieg Larsson
Stieg Larsson

La novela negra nórdica está de moda todavía, no es ningún secreto, como tampoco lo es que ha sido la trilogía Millenium, de Stieg Larsson, la causante de que millones de lectores de todo el mundo hayan puesto sus ojos en los autores vikingos de relatos policiales, traducidos ahora a tropecientos idiomas y conocidos en todas partes a pesar de esos nombres generalmente impronunciables y llenos de diéresis y letras rarísimas que a saber si son letras.

Muchos se preguntan las razones de este éxito. Al fin y al cabo, las novelas policiales escandinavas son bastante buenas, no todas, ojo, pero no mejores que las americanas, las británicas y, ya puestos, las españolas. Así que yo también me pregunto las razones de este éxito y tengo tantas respuestas como para las razones del éxito que tuvieron en su día los pantalones de campana, el pelo cenicero o “Qué será lo que tiene el negro”: ninguna. Pero sí hay un hecho significativo que merece un poco de atención: la alta producción de relatos policiales en los países nórdicos en relación a su escaso número de habitantes.

Me pongo en situación. Hace un frío del copón, nieva en la calle, pero nieva a lo bestia, nada de cuatro copos, hay apenas cuatro horas de mortecina luz al día y, después de meses y años en este plan, eso cuando no hay luz todo el día en verano y la noche es un recuerdo, que dicen que también pasa eso por ahí, dan ganas de suicidarse, de matar o de ponerse de aguardiente hasta las cejas. Algunos, bastantes, descargan sus ansias homicidas sobre el papel. Novela policial al canto. Algunos matan de verdad. Esos son los protagonistas de las novelas de marras que leemos. Otros siguen bebiendo y algunos hasta leen, beben y matan, todo a la vez. En cualquier caso, visto tan muermo panorama, no me extraña que haya una altísima producción de literatura criminal.

Maj Sjowall y Per-Wahloo
Maj Sjowall y Per-Wahloo

Me encontré por primera vez con la novela policial escandinava en un mostrador de libros de saldo. Fue allí donde pillé, era a principios de los 80 del pasado siglo, dos novelas del matrimonio sueco formado por Maj Sjöwall (n. 1935) y Per Wahlöö (1926-1975): Roseanna (1965) y La casa cerrada(1971). Esta pareja de nombre impronunciable para un latino escribió una serie de novelas en los años 60 y 70 que constituyen una sagaz radiografía crítica de un sistema político y social que no era tan democrático y tan de bienestar como se presentaba ante el mundo. Se trata de relatos con una clara intencionalidad política, lo que no perjudica, sino todo lo contrario, su indudable calidad literaria. No estaría de más, ya que aún está de moda la novela negra nórdica, aunque cada vez menos, que los libros de Sjöwall y Wahlöö se tradujeran y reeditasen en España, no me consta que haya sucedido, aunque seguro que estoy equivocado, para que ocupen el lugar que merecen: el primero.

Un más que digno sucesor de Sjöwall y Wahlöö es Henning Mankell (n. 1948), sueco también, creador del policía Kurt Wallander, siempre cargando con un mar de dudas y de problemas personales muy humanos en cuanto cotidianos, que se mueve en un mundo melancólico, oscuro, lleno de amenazas bajo la plácida superficie de una sociedad aparentemente autosatisfecha. Wallander aparece en once novelas. De las que he leído, mi favorita es La quinta mujer (1996), pero hay donde escoger. Henning Mankell es, sin dudas, uno de los mejores autores europeos de novela negra que hay en la actualidad. Y mucho mejor que el difunto Stieg Larsson (1954-2004), el creador de Milleniun, también sueco y también izquierdista, como Sjöwall y Wahlöö.

A estas alturas, todo el mundo conoce los tres títulos que integran MilleniumLos hombres que no amaban a las mujeres (2008), La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina(2008) y La reina en el palacio de las corrientes de aire (2009), traducida esta última por Andreu Buenafuente como “Sofía se constipa”. (Lo siento, el chiste es tan malo como ingenioso y no he podido resistir reproducirlo). Leí las tres novelas de un tirón, se leen de un tirón, es cierto, pero la primera es muy superior a las dos siguientes: se ajusta a una buena historia central y se difumina poco en historias paralelas, al contrario que las otras dos, a las que le sobran historias paralelas, enredos innecesarios y hasta molestos y unas cien páginas en la misma medida que le sobra azúcar al empalagoso dulce de leche argentino. Y más pegas. El protagonista, Mikael Blomvkist, un periodista cincuentón ante el que caen rendidas todas las féminas, no termina de convencerme, le falta un hervor para ser carne de novela y se queda en trasunto, sospecho, del propio autor, periodista cincuentón también, del que colijo que follaba poco, más que nada por falta de tiempo, que debe llevar lo suyo escribir tanto. De esta supuesta ausencia de sexo viene, creo yo, la prolífica actividad genital de su personaje, frío emocionalmente a ratos y apasionado inverosímil otros ratos. En cambio, su otro personaje, la hacker informática, bisexual, tatuada y perforada Lisbeth Salander es todo un hallazgo. Debería buscarse una fórmula para que la Salander siga habitando nuevos relatos criminales más allá de Millenium. Lo merece.

También he leído algunas novelas policiales islandesas, perfectamente intercambiables con las suecas, por cierto, con las que he sufrido para averiguar el sexo de los personajes según su nombre. Son nombres que, desde el punto de vista ibérico, lo mismo valen para un señor que para una señorita. Por lo demás, los relatos islandeses que he leído, no guardo ficha de títulos y autores, que uno lee así, a vuelaojo, son correctos y hasta estimables, al contrario que las obras de una sueca, Camilla Läckberg (n. 1974, autora de best sellers como La princesa de hielo (2002), novela que he leído y que me pareció una mierda.

Hay muchos más autores vikingos, autores que, por cierto, comienzan a asomar su rubia cabeza en esas mesas de libros de saldo que citaba al principio. Seguro que entre ellos hay obras estimables, tan seguro como que la moda de la novela criminal nórdica está pasando.

Y un último apunte: el que busque algo de humor e ironía en estas novelas, que se olvide. El humor brilla por su ausencia o, por lo menos, yo no lo pillo. Y es que la combinación de tanta nieve, tanta noche eterna, tanta aurora boreal y tanto aguardiente da para lo que da, para unas cuantas buenas novelas policíacas, unas cuantas copas de aguardiente y algún que otro crimen inesperado, pero no para unas risas. Creo.

Categorías

Lo último en el blog

Novedades

Deja un comentario

Los datos que proporciones serán tratados por Ediciones Letra de Palo, SL, como responsable de esta web, con la finalidad de moderar los comentarios. Estos datos no se cederán a terceros ajenos a Letradepalo, salvo obligación legal, y se mantendrán mientras no solicites su supresión. Puedes ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y supresión enviando un correo electrónico a info@letradepalo.es.