distribución de libros a librerías

La distribución de libros a librerías: verdades y mentiras

La distribución de libros a librerías. Algo a lo que aspiran la mayoría, o todos los autores cuando publican. Parece sencillo porque: ¿dónde se venden los libros?, en las librerías. Pero es mucho más complicado de lo que se piensa, de hecho es casi imposible que un autor independiente tenga distribución a librerías a nivel nacional.

¿Esto es motivo de desesperanza? Pues no tiene por qué. Quizá haya otras soluciones, y si no, tal vez haya que inventarlas. Aquí vamos a dar cuenta de la realidad de la distribución de libros en España, al menos desde nuestra experiencia; exponer los motivos de por qué es tan complicado llegar a las librerías; alertar sobre los mensajes que se reciben los autores con promesas de lo contrario; y sugerir algunas soluciones de cara al futuro.

Promesas y cantos de sirena

“Punto final. He terminado mi novela y es genial. Voy a buscar quien me la publique”, aquí la autora o el autor expresa su natural satisfacción por haber terminado su obra y con sensatez piensa en buscar editorial para publicarla. “Ya me la imagino en las librerías, en las mesas de novedades…”. Aquí el autor acaba de expresar sus sueños más anhelados, pero ¿pueden convertirse en realidad?

Y a partir de aquí es cuando a sus oídos no paran de llegar cantos de sirena: “Ven con nosotros, tu libro estará en todas las librerías”. “Con nosotros trabajarás con la mayor distribuidora nacional de libros”. “No, no, con ellos no, ven con nosotros, que también haremos una distribución mundial de tu libro”.

Y muchos autores se dejan seducir por estas bellas palabras y saltan por la borda y si bien no mueren ahogados, porque esto no deja de ser una metáfora más, sí que salen de esta experiencia decepcionados, con la sensación de haber sido engañados, sino estafados, y lo que es peor, tal vez con algunos (o muchos) euros menos en sus bolsillos porque quizá han tenido que costear una tirada de ejemplares de su libro, que seguramente ha quedado como la propia palabra indica, tirada en un almacén.

La realidad: no hay distribución

Las distribuidoras que trabajan en el ámbito nacional por norma general (desconozco si hay alguna excepción) no aceptan trabajar con editoriales que publican obras de autores independientes (o sea, las editoriales de autopublicación, aunque a mí ese término no me parece el más apropiado).

Experiencia propia: una distribuidora nacional de libros nos explicaba recientemente que hace unos años comenzaron a trabajar con una de las editoriales líderes en autopublicación porque les creyeron cuando les aseguraron que a distribución solo les llevarían las mejores obras, convenientemente filtradas por su calidad por el equipo editorial, y por supuesto perfectamente revisadas en sus aspectos ortotipográficos y de diseño editorial.

La calidad literaria de los libros que recibieron no sé si llegaron a evaluarla, pero los destrozos en la ortografía y la maquetación fueron detectados rápidamente por los libreros quienes alertaron a la distribuidora y la avergonzaron. Esta rompió enseguida el acuerdo con la editorial. Conclusión: ahora ya no se fían de ninguna editorial de este tipo.

Distribución de libros local

No obstante, el acuerdo con distribuidoras de ámbito local o regional sí es posible, pero el esfuerzo que supone tanto al editor como al autor conseguir una distribución “real” a librerías, no compensa en absoluto a ninguna de las partes.

Si el autor piensa que una vez que el distribuidor acepta su libro en el catálogo lo va a llevar a las librerías de su zona de actuación por iniciativa propia, está muy equivocado.

Esta es mi experiencia: (me ahorro las reuniones y charlas previas para firmar el contrato de distribución, que también se las trae), digo al distribuidor: Ya están a punto de llegar de imprenta los libros (del título que va a distribuir). ¿Te traigo Xtantos? (una cantidad razonable para cubrir la red de librerías de su zona). Respuesta del distribuidor: Tantos no, hombre, con 100 o mejor 50 son suficientes. Le digo: Pero con eso no es suficiente para llegar a todas las librerías. Me dice: No te preocupes, bastan para el primer acto de presentación, tú dime cuándo y dónde será y llevamos allí unos cuantos y en otras librerías de la ciudad dejamos unos pocos.

Carretera y manta

Y esa es la rueda que hace que el distribuidor transporte libros a las librerías, que el autor haga actos relevantes con el libro. Mientras tanto, los libros están en su almacén. Decidme si este sistema merece la pena. A qué obliga, a que el autor recorra ciudad tras ciudad, en un ciclo agotador de presentaciones, firmas y lo que se le ocurra, para que sus libros se extiendan geográficamente por donde pasa. Pues desde aquí les digo ya a estos autores: para esto no necesitáis al distribuidor, directamente llenad una maleta con vuestro libro y… carretera y manta. Además, la mayoría de las librerías aceptarán vender vuestro libro sin la intermediación del distribuidor (lamentablemente, no así las grandes cadenas).

Un libro vive dos años

Pues si esto no os espanta lo suficiente, os explicaré a qué ata la distribución y las leyes del libro a un nuevo título que ha caído en estas redes. La vida de un libro es, por ley, de dos años, y si le sacas el carné de identidad de la distribución, esos dos años vivirá en los almacenes del distribuidor y quizá visitará varias casas de acogida (librerías), entre idas y venidas al almacén, hasta que un lector lo adopte definitivamente.

En muchas ocasiones, antes que llegue este feliz momento (si llega), el libro será objeto de tráfico monetario porque el distribuidor cobrará su importe al librero y después le traspasará el porcentaje acordado al editor y con suerte al fin el autor recibirá su parte. ¿Final feliz? No, mucho cuidado, porque durante dos años el libro puede ser “devuelto”, y la cadena del dinero se da la vuelta: el librero devuelve el libro al distribuidor que tiene que reembolsarle el dinero adelantado, y el distribuidor anotará que este dinero que entregó al editor ahora se lo debe, normalmente a cobrar en futuras ventas de ese u otro libro. Y el editor restará en futuras liquidaciones al autor lo que en su momento cobró sin que el libro estuviera efectivamente vendido.

¿No os parece demencial que la economía del libro se articule sobre esta forma de proceder? Os aseguro que este tema merece una discusión aparte, por el momento solo os diré que mejor no intentes romper esta cadena antes de los dos años. Si lo haces y retiras los libros de las librerías o del almacén del distribuidor antes de los dos años todos los gastos recaerán sobre ti.

Causas de este desastre

¿Por qué la distribución de libros no distribuye a autores noveles o independientes, o si lo hace, es con métodos y resultados tan desalentadores? En breve: escasez de espacio, escasez de talento utilizado en ofrecer filtros de calidad editorial, exceso de publicaciones y exceso de marketing o lucha por el mercado (o lo que yo considero prácticas abusivas) del duopolio “de facto” editorial.

Lo explico un poco más, empezando por el final. Los grandes grupos editoriales están embarcados en ver quién publica más títulos al año para inundar el espacio de las librerías y así no dejar sitio libre en las estanterías o mesas de novedades a su gran competencia (y, por supuesto, mucho menos a su pequeña o mediana competencia). Haceros una idea, se publican cerca de 90.000 libros al año en España (aunque esta cifra hay que relativizarla: son todas las publicaciones a las que se les asignas ISBN, de las cuales en 2017 unas 16.000 fueron obras literarias).

El espacio en las librerías es limitado, y los grandes grupos editoriales inundan el espacio porque junto con los autores superventas empaquetan otros muchos títulos que la librería debe aceptar. ¿Es que ya no existen librerías independientes, que decidan con criterios literarios propios los títulos que quieren poner a la venta? Por suerte sí, aunque cada vez sean menos.

Pero la capacidad de elección y poder de decisión en el mercado del libro de las librerías independientes también va menguando. ¿Por qué? Aquí entra en juego la apurada situación económica del sector de la distribución de libros. El distribuidor necesita los best seller que le pueden proporcionar los grandes de la edición porque los resultados de su negocio se tambalean. No quieren asumir riesgos de mayores devoluciones.

Es muy costoso transportar el libro, en múltiples viajes de ida y vuelta, porque recordemos, pueden ser supuestamente vendidos y devueltos, una y otra vez, durante dos años. Y la tasa de devoluciones que pueden soportar ya está copada por los “libros de relleno” a los que se ven obligados a manejar por los grandes, porque su capacidad de elección está más menguada, si cabe, que la de los libreros. Tal vez los buenos libreros solicitarían más títulos de autores nuevos o independientes, pero como no están en el canal de distribución no tienen fácil acceso a estos libros.

¡Filtro, mi reino por un filtro!

He mencionado la falta de prestar “talento” a filtros de calidad de edición. Expliquemos un poco mejor esto. Digamos que décadas de concentración editorial, hasta llegar al duopolio que nos domina en la actualidad ha provocado que, si en algún tiempo los criterios de calidad literaria influían en alguna medida en la selección de títulos a editar y llevar a librerías, a mi entender en la actualidad prácticamente el único filtro que queda es el económico.

Pero no solo en términos de confirmar que tal libro va a ser un best seller (que eso no lo sabe nadie), sino con el argumento expuesto por el editor tradicional de “si yo arriesgo mi dinero por este libro, es que es bueno”. Además, el gran editor intenta validar la idea contraria: “Si es el autor el que arriesga su dinero, es que es malo”. Y esta forma de pensar se ha convertido en un mantra, un paradigma en el sector. ¿Debemos aceptar estas afirmaciones sin pestañear, sin ponerlas en duda? Por supuesto que no. Es más, en mi opinión estas ideas llevan pocos años entre nosotros, no existían antes de la concentración empresarial en la edición.

La buena literatura existe al margen de quien pague la factura de la publicación. Así ha sido siempre, porque desde siempre muchos autores que luego se han convertido en clásicos, en ciertos periodos de su vida se costearon por sí mismos la edición de sus libros. Nadie, ni siquiera los editores coetáneos a estos autores, se extrañaban y ni mucho menos los tachaban de autores de segunda por incurrir en estas circunstancias.

Además, qué curioso, en otros ámbitos artísticos no parece que exista este criterio económico para establecer barreras en el mercado a ciertos artistas. Sin ir más lejos, pongo el ejemplo del cine. La productora de las películas (la que pone el dinero) no es el auténtico, o al menos el único, aval de calidad de una película. Cuántos directores son también los productores y hasta los actores de sus películas, y nadie pone automáticamente a sus películas en una categoría inferior por ello.

Por no alargar demasiado este post, respecto a la falta de filtros de calidad literaria para los nuevos autores o autores independientes, solo diremos que si alguna vez esta labor la hicieron los distribuidores, han dejado de hacerlo.

Por suerte todavía la ejercen algunas librerías, pero esta tarea sufre los contratiempos de la falta de información y de la dificultad de acceso a la poca que hay.

A este respecto, los nuevos editores independientes tenemos mucho que decir, y quizá debamos tomar más partido en esta labor. De hecho, intentar renovar esta función y servir de puentes entre los autores, sus obras, los actores en la cadena comercial (libreros, distribución) y el lector, por supuesto el lector, ofreciendo información y opinión honesta y accesible sobre los autores y sus obras, es uno de los objetivos de Letradepalo.

Desconfía sí…

Esto es un somero esbozo del sector para explicarte las dificultades con las que te toparás como autor independiente a la hora de distribuir tu libro a las librerías. Creemos importante que tomes en cuenta esta realidad para que tengas argumentos que desmonten “los falsos brillos” que quizá otros intenten venderte sobre la distribución.

Algunos datos: en España hay cerca de 4.000 librerías, al menos la edición tradicional con cada lanzamiento llega a unas 100 repartidas por toda la geografía. Pongamos una media de 10 libros por librería, eso da una tirada inicial de 1.000 libros. Esta cifra es casi la mínima para asegurar una presencia nacional de tu libro. Así que, si te proponen distribución nacional con 400 ejemplares, ¡alerta!

Si te ofrecen entrar en un listado de distribución exclusivo de 1.000, 2.000 o los que sean puntos de venta, ten en cuenta que la realidad es que cualquier librería que esté interesada en tu libro tiene acceso al banco de datos universal y gratuito de la Agencia del ISBN, donde está localizado tu libro y tu editor.

Y, por último: ¡alerta! si a cambio de entrar en algún plan de distribución (como los mencionados u otros, que imaginación para esto no falta), te hacen cederles los derechos de explotación en los canales que te propongan o incluso en los que no te propongan, porque si firmas, luego te será muy difícil volver a recuperar estos derechos de tu obra. ¡Cuidado con lo que firmes!

Algo de esperanza

El tema de la distribución no se agota en lo dicho. Lo retomaremos próximamente porque se nos han quedado experiencias propias, casos reales sin contar aquí, y otros análisis y reflexiones, sobre nuevas modalidades de distribución de las que algunas ya se están implantando y otras que vendrán. Y, aunque sigamos avisando de malas prácticas, también ofreceremos caminos para la esperanza. Al menos desde nuestro punto de vista.

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