Caín, Abel y Dios

Caín fue el primer asesino de la historia, Abel el primer asesinado y Dios fue el primer detective. Esto demuestra la antigüedad del género detectivesco, criminal, negro o como quiera llamársele y también su pedigrí, que estamos hablando de la Biblia, palabra de Dios.

En fin, la historia de Caín y Abel es el primer relato policial de la historia, ya que contiene los elementos narrativos que conforman el género criminal: un crimen, el asesinato de Abel; un sospechoso, su hermano Caín; y un detective, Dios, que realiza los interrogatorios de rigor. El fragmento del Génesis es, más o menos, así: “El Señor dijo a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?”. Contestó: “No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?”. Replicó el Señor: “¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Aunque labres el suelo, no te dará más fruto. Vagabundo y errante serás en la tierra”. O sea, el detective Dios investiga y, muy sagaz él, pronto descubre todo el sangriento tinglado y, a continuación, también ejerce de juez, que para eso es Dios y no un piernas que pasaba por allí. Desde entonces, y hasta ahora mismo, ya sea por acción, omisión o retorcimiento, el esqueleto de cualquier relato detectivesco negro o no que se precie contiene un crimen, uno o varios sospechosos y un detective dedicado a aclarar el misterio.

Qué llevó al que esto escribe a engolfarse con entusiasmo en un género con tan pobre y, aparentemente, repetitiva arquitectura argumental es algo que no tengo claro y tal vez sirvan para aclarármelo las sucesivas entregas de este Negro y Rojo, un espacio para compartir mi pasión por la novela policial, término que, a mi juicio, del que no hay que fiarse, engloba tanto el relato enigma clásico como la novela negra más descarnada y feroz, que de todo hay en esta sangrienta viña literaria.

Y es que lo que pretende ser Negro y Rojo es un picoteo apasionado y, a lo mejor, hasta divertido, por el género criminal, sus autores, sus criaturas, sus tópicos, sus convenciones, sus escenarios y su, a menudo, acercamiento despiadado al lodo de la realidad. Si algún lector comparte esta pasión, estupendo, que motivos tendrá para discutirme y si algún otro se acerca y se queda, mejor. Y si no, pues tan amigos.

Bienvenidos a la historia de Caín, Abel y Dios repetida en cientos, miles de historias. Solo cambian las gabardinas, los sombreros y la gente, que ahora hay mucha más y, por lo tanto, más sospechosos. ¿Lo eres tú?

A mí, que me registren.

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