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Breve apunte sobre superrealismo

El Surrealismo, Superrealismo o Suprarrealismo es un tipo de arte, que surge entre las dos guerras mundiales y está cargado de munición antirrealista e irracionalista. Este movimiento, liderado por el poeta francés André Breton, no hubiera existido sin dos vanguardias anteriores: El Futurismo de Marinetti y el Dadaísmo de Tristan Tzara.

Según algunos críticos, el Surrealismo surge de las cenizas de Dadá, pero, frente al total antipasatismo (rechazo del pasado y la tradición) de los de Tzara, los superrealistas admiraron a todos aquellos que rompían las normas y los límites de la racionalidad, independientemente de la época en que vivieran. Así admirarían a Goya, William Blake, Brueghel, Baudelaire y Rimbaud, Gustave Moreau, Gaudí…

En principio, esta manera de crear y de pensar surge como movimiento literario, comandado por el antedicho Breton, por Louis Aragon y por Philippe Soupault. Con el paso del tiempo, irían añadiéndose nombres y sumándose artistas de otras disciplinas: en pintura, Dalí, Magritte,Miró, Delvaux, Ernst, Masson, Arp, Klee…; en cine, fundamentalmente Buñuel y Cocteau; en fotografía, Man Ray.

En 1924 se publicó el Primer manifiesto surrealista, donde se define dicho término como “un automatismo psíquico puro mediante el cual se propone expresar, sea verbalmente, sea por escrito, sea por cualquier otro medio, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento en ausencia de cualquier control ejercido por la razón, al margen de toda preocupación estética moral…”. Breton reconoce en este mismo manifiesto, lo que hay de admirable en algunos autores del pasado:

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Andre Breton por Victor Brauner

“Swift es surrealista en la maldad,
Sade es surrealista en su sadismo,
Chateaubriand es surrealista en el exotismo,
Constant es surrealista en la política,
Hugo es surrealista cuando no es tonto, […]
Poe es surrealista en la aventura,
Baudelaire es surrealista en la moral,
Rimbaud es surrealista en la vida práctica y en todo…”

La revista Littérature supuso una plataforma privilegiada para la difusión de las teorías e ideas superrealistas. El Surrealismo, en un primer momento, caminó de la mano de Dadá, pero pronto se desprendió de su tutela y afrontó una nueva etapa caracterizada por su politización (los dadaístas rechazaban la doctrina política), al asumir el pensamiento de Marx. De hecho, algunos surrealistas llegaron a militar en el Partido Comunista Francés. A partir de entonces, el Surrealismo bebió también,  y más que nunca, de las fuentes de psicoanálisis freudiano (especialmente de La interpretación de los sueños).

Nadie pone en duda actualmente la influencia del Superrealismo sobre el arte contemporáneo occidental; ahora bien en el campo de la poesía, fue excesivamente automaticista. Es más, las obras literarias más importantes del Surrealismo francés no son poéticas (salvo el Eluard tardío y algo de Aragon y Soupault), sino narrativas: he ahí el ejemplo de la novela de Breton Nadja, a la que Mario Vargas Llosa incluye entre las mejores del siglo XX; pero también del mismo autor, L´amour fou, una especie de ensayo, con un encuentro novelesco, atribuido al azar.

También en España (ya trataré, en otro lugar, la repercusión de las vanguardias en Hispanoamérica) hubo Surrealismo más allá de Dalí y Buñuel, las dos grandes referencias. Así, Vicente Aleixandre, Premio Nobel y maestro de maestros, se acercó al Superrealismo en Espadas como labios y en La destrucción o el amor. También Federico García Lorca haría su particular acercamiento con Poeta en Nueva York, donde muta lo “gitano” por lo “negro” en un discurso irracional y de denuncia. Otra composición lorquiana tildada de surrealista fue El Público, pieza teatral confusa y desconcertante, digna de atención. Rafael Alberti, no fue sólo autor del mitificado libro Sobre los ángeles, ni fue éste su único poemario de tendencia surreal; ya algunos poemas de Cal y canto apuntaban al Surrealismo y éste florecería en Sermones y moradas.

Si hay algo en lo que el Surrealismo español aventaja al francés (al menos en lo referente a poesía) es precisamente en que está dotado de contenido, mientras que el galo es mucho más fiel a la escritura automática, que lo deja más próximo al experimento de laboratorio que a la literatura.

Hubo más casos de Superrealismo en la poesía española (algo en Cernuda y mucho en Cirlot…). Mucho después, se han podido tildar de surrealistas algunos textos de Pere Gimferrer (su fuente sería no sólo la de los viejos surrealistas, sino también  la de su admirado  Octavio Paz, junto a otros coetáneos del poeta novísimo).

Últimamente, hemos tenido casos de autores de tendencia surreal como Blanca Andreu, quien, con De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, consiguió el premio Adonais en 1981.

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