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Guillermo Carnero y su “Dibujo de la muerte”

DE CÓMO LLEGUÉ A LEER ALGUNOS LIBROS NOVÍSIMOS (PARTE II)
Guillermo Carnero
Guillermo Carnero

Guillermo Carnero Arbat, nacido en Valencia en 1947, es, para mí, el más esteticista de los poetas llamados “novísimos”, el mejor escritor (también contemplo su obra como crítico) de su generación y quizá el letraherido que más excesos metapoéticos y culturalistas ha cometido en las últimas décadas.

Neo-dandy, obsesionado con la belleza, la vida y la muerte, hace de ellas una honda reflexión poética en su obra  que empieza (aunque antes ya hubo indicios)  en 1967 con su libro Dibujo de la muerte.

Para Carnero la vida es movimiento; la muerte estatismo:

[…]
Vosotros, mientras en la noche resuena
la rutilante música del circo,
decidme si merecía la pena haber vivido para esto,
para seguir girando en el suave chirrido de las tablas alquitranadas,
para seguir girando hasta la muerte. (De El movimiento continuo)

y sólo la belleza puede sobrevivir a la muerte. Pero la belleza también es quietud (A mí esto me trae a la mente los versos de Baudelaire de su poema La Beauté (La Belleza):

Je hais le mouvement qui déplace les lignes,
Et jamais je ne pleur et  jamais je ne ris.

(Detesto el movimiento que desplaza las líneas
y jamás he llorado y jamás he reído.)

Carnero y en general todos los novísimos suelen recrear la belleza de sus textos en viejas ciudades legendariamente bellas, tal es es el caso de Venecia (y de ahí que a los novísimos se les conociera como “venecianos” y gustasen del lujo, la elegancia, el dandismo, el decadentismo decimonónico, la pintura y el arte en general…).

Hay muchos poemas del autor valenciano que reflejan este gusto por lo exquisito unido a una atracción obsesiva por la muerte. El poema más conocido quizá sea Muerte en Venecia:

Aquí debajo,
Detlev Spinell, de la muerte, al fondo
de las playas que rozan las palomas
de sus dedos, debajo de la muerte,
ya has olvidado el nombre de los bancos
de madera, la grava del camino,
las sombrillas de seda…

Los dos pilares sobre los que se sustenta argumentalmente este poema son las novelas de Thomas Mann: Tristán (narración de ambientes modernistas y de un amor heterosexual) y la homónima Muerte en Venecia ( en la que el autor alemán escribe sobre un amor a la juventud, y a la belleza de un adolescente llamado Tadzio, que es foco de atención y del deseo del decadente protagonista Gustav von Aschenbach.

El poema de Carnero (publicado en 1967) es anterior a la famosa película que Luchino Visconti realizara en 1971 con el mismo título. Y  tanto en celuloide, como en el poema, como en la novela, asistimos a la muerte del protagonista (después de comer un puñado de fresas) víctima de una epidemia de Peste que asola Venecia y de la que su pasión por Tadzio, le impide huir.

Una vez más el silencioso resbalar de la góndola, casi
para tocar hacia la sangre un ramillete de frío
para mirar al fondo de los derrumbaderos de la noche.
Como tantas otras veces, hacia la laguna,
despacio, desde ese ligero puñado de fresas.

Un rasgo significativo de toda la poesía de Guillermo Carnero es la imponente carga cultural (o la riquísima muestra de referencias de tipo culturalista). En Dibujo de la muerte, el poeta novísimo evoca una larga lista de autores, entre los que destacan:  novelistas como Cervantes, D.H. Lawrence, Stendhal; pintores como Wateau, Rousseau; músicos como Alessandro Scarlatti; o poetas como Baudelaire, Paul Scarron…

Pero rescata de forma especial (tanto moral como estéticamente) al raro, refinado, provocador y decadente Oscar Wilde.

Observo analogías en la intencionalidad (más que en el tono)  entre el poema Oscar Wilde en París de Carnero y el de Luis Cernuda Birds in the night. Copio los primeros versos de este último:

El gobierno francés ¿o fue el gobierno inglés?, puso una lápida
en esa casa 8 Great College Street, Camden Town, Londres,
adonde en una habitación Rimbaud y Verlaine, rara pareja,
vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron,
durante algunas breves semanas tormentosas.
Al acto inaugural asistieron sin duda embajador y alcalde,
todos aquellos que fueran enemigos de Verlaine y Rimbaud cuando vivían…

Tras salir de la cárcel de Reading, donde fue condenado a dos años de trabajos forzados por mantener (supuestamente) una relación sodomita con un joven aristócrata, el autor de El retrato de Dorian Gray se exiló, primero en Berneval, y luego (definitivamente) en París (de ahí el título del poema del autor novísimo). Pero volvamos a la reivindicación estética de Carnero:

Si proyectáis turbar este brillante sueño
impregnad de lavanda vuestro más fino pañuelo de seda
o acariciad las taraceas de vuestros secreteres de sándalo,
porque sólo el perfume, si el criado
me tiende sobre plata una blanca tarjeta de visita,
me podría evocar una humana presencia.

Otro poema de corte wildeano es el bellísimo Capricho en Aranjuez donde la admiración del joven poeta valenciano se sirve de una línea del angloirlandés rescatada, a su manera en castellano: […]the young man who used to say that yellow satin could console one for all the miseries of life…

Carnero escribe:

Raso amarillo a cambio de mi vida…

Para terminar, avanzamos hasta el último poema del libro. Un poema redondo como pocos, maduro (sorprendente en un joven de menos de veinte años): El embarco para Cyterea, que supera para muchos las versiones anteriores (Baudelaire, Gil de Biedma).

Cyterea es la isla del amor, hacia la que parte la nave que transporta a los enamorados:

Hoy que la triste nave está al partir,
con su espectacular monotonía,
quiero quedarme en la ribera…

El poeta decide no hacer el viaje hacia el amor:

oír lejanos en la oscuridad
los remos, los fanales, y estar solo.

Porque..:

También alguna vez hice el viaje
intentando creer y ser dichoso…

Para terminar diciendo:

Y no guardo rencor
sino un deseo inhábil que no colman
las acrobacias de la voluntad,
y cierta ingratitud no muy profunda.

La ingratitud no es mucha (freno sentimental, tan habitual en la poesía de Carnero), pero es profunda (aunque no mucho). El uso de la lítote (decir no muy profunda, en lugar de superficial) es muy eficaz e inteligente.

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