Entre nazis – Bernie de Philip Kerr

Si hay un detective que se ha transmutado en otros muchos detectives a lo largo del tiempo y a través de muchos autores, este es Philiph Marlowe. La criatura parida por Raymond Chandler, su cinismo y su ternura, sus réplicas llenas de ácido sarcasmo, su acre sentido del humor y su honestidad a toda prueba han sido y son un modelo para otros personajes creados por otros escritores de serie negra con mejor o peor fortuna. Réplicas afortunadas, omitiremos los plagios, caricaturas y borrones, que los hay en abundancia, son Marco Didio Falco, ese detective romano del año 60 d.C. más o menos, ideado por Lindsey Davis y del que hablaremos algún día, y el detective del que nos ocupamos en esta entrega de Negro y Rojo: Bernard “Bernie” Gunther, personaje parido por el escocés Philip Kerr (n. 1956).

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Cartel de la película Berlin Noir

“Bernie” Gunther no es escocés, sino alemán, un detective alemán en la Alemania nazi y post nazi. Veterano de la I Guerra Mundial, viudo en 1922, policía primero, detective privado después, policía de nuevo más adelante y hasta miembro de las SS a su pesar y a pesar de no haber sido del partido nazi nunca jamás, Gunther protagoniza una serie de novelas en las que el nazismo chorrea su lodo página tras página hasta hacerse omnipresente. Las tres primeras novelas de la serie, Violetas de marzo (1989), Pálido y criminal (1990) y Requiem alemán (1991) conforman la trilogía conocida como Berlin Noire, pero el bueno de Bernie protagoniza seis novelas más. La última de ellas, El hombre sin aliento, se publicará este mismo año 2013 o, a lo mejor, se ha publicado ya. No tengo ni idea, la verdad.

Todas las novelas de la serie de Gunther son magníficas. En la primera, Violetas de marzo, que transcurre en 1936, nuestro detective tiene ya 38 años, un pasado que incluye una guerra, una esposa muerta y una trayectoria notable como inspector de la policía criminal de Berlín, departamento que abandona a causa de las purgas instauradas por Goering. Como detective privado, se dedica sobre todo a buscar personas desaparecidas, es decir, a judíos asesinados o cautivos en campos de concentración. En novelas posteriores, es obligado a volver a la policía, esta vez como comisario, para investigar una serie de asesinatos de muchachas arias, acaba en las SS al fusionarse la policía criminal y la Gestapo, es destinado a Ucrania durante la II Guerra Mundial pero pide el traslado cuando descubre que su unidad se va a dedicar al asesinato de judíos, le obligan a volver a Berlín, le mandan al frente ruso, es hecho prisionero, sobrevive, vuelve a ser  detective y acaba en Argentina y en La Habana. Por el camino, una cuantas relaciones sentimentales fracasadas por diversas razones, la muerte entre ellas.

Y es por este universo nazi, devastado por el crimen de estado y por la depravación con sello oficial, por donde pasea el viejo “Bernie” su ironía, su rebelión a la autoridad, sus críticas sarcásticas a los nazis siempre que tiene ocasión, aunque, si hay que saludar brazo en alto, se saluda, faltaría más, que hay que vivir, su honestidad sólida como una roca, su dureza, que es un tipo duro, su implacable sentido de la justicia y también su capacidad para sobrevivir y nadar en ese pantano purulento de sangre, odio y miedo que fue el nazismo.

Y ahí quiero llegar, a cómo se puede vivir y vivir limpio en medio de un régimen como el nacionalsocialista alemán, cómo se puede ser honesto en medio del crimen y siendo incitado al crimen un día sí y otro también, cómo se puede salir de esa mugre moral sin mancharse. Nuestro “Bernie” Gunther lo intenta a pesar de los pesares y creo que lo consigue,  que sale más o menos inmune de ese foso de hienas, pero no le sale gratis. El detective Gunther, todo un homenaje a los clásicos de la novela negra americana, no lo olvidemos, llevará ya siempre consigo el recuerdo del espanto, una soledad tan íntima como infinita y un imperecedero sentimiento de culpabilidad por estar vivo.

Otros asesinaron, robaron, vivieron mucho y bien y murieron en loor de devoción familiar y cívica. Y no hablo de novelas y no hablo solo de Alemania. En fin, por bocachanclas que no quede.

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